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Área de Patrimonio Cultural y Vivienda de Interés Social

 

 

La complejidad de una ciudad histórica como La Antigua Guatemala es mayor que la de cualquier otra ciudad de su tamaño, pues es elevada la carga patrimonial e histórica que soportan sus habitantes e instituciones que velan por la conservación y cuidado, ya que se requiere de intervenciones de diversa escala espacial y temporal para la búsqueda de un desarrollo humano más integral y sostenido.

Por otra parte, la categoría de Patrimonio Cultural de la Humanidad que en el año de 1979 le confirió la UNESCO a La Antigua Guatemala, obliga a construir conjuntamente, un paradigma de planificación urbana que asegure la permanencia de un centro histórico altamente valorado.

Los indicadores sociodemográficos indican que la poblacion del Municipio y de las Aldeas se expande dinamicamente y constituye una amenaza permanente para la conservacion del patrimonio cultural, por lo que es cada vez mas necesario incorporar medidas regulatorias del uso del suelo y la proteccion de el cinturon verde y la capa boscosa. Por ello, la elaboracion del Plan Director exigido por la UNESCO es una alta prioridad para la ciudad y sus Aldeas. Precisamente, el PLAN DE DESARROLLO DE LAS ALDEAS , que constituye una parte del PLAN DIRECTOR tiene como objetivos principales, encontrar los caminos para mejorar las condiciones de vida de la mayoria de la poblacion de escasos recursos. En esta tarea las acciones en la conservacion y proteccion del patrimonio cultural, desempeñan un papel preponderante, tomando en cuenta que los flujos de turismo internacional estan constituidos por personas que han sido motivadas por la riqueza cultural e historica de Guatemala y, particularmente, de La Antigua Guatemala. De lo anterior se desprende que la garantía futura de la permanencia de todo el patrimonio cultural va de la mano con el impulso y promoción de una visión de desarrollo humano


Ademas, la riqueza de la ciudad no estriba solamente en su abundante patrimonio cultural, lo es también su localización geográfica en relación con la costa sur, el occidente del país y la ciudad capital, tres puntos de enorme desarrollo nacional en los próximos veinte años, además del valioso aporte religioso y de Fe que imágenes como la del Señor Sepultado de San Felipe de Jesús y el Santo Hno. Pedro, hacen de este municipio un sitio de oportunidades únicas.

Las aldeas de San Felipe de Jesús, Santa Inés del Monte Pulciano, San Juan Gascón, San Mateo Milpas Altas, El Hato, Santa Ana, San Cristóbal el Bajo y el Alto, San Pedro Las Huertas, San Juan del Obispo, San Bartolomé Becerra, Santa Catarina Bobadilla, San Gaspar Vivar y La Guardianía, (observar mapa abajo) como expresión precisa de un modo de pensar y de actuar en tiempos de la Colonia Española, dotó a cada una de ellas de templos, plazas, calles, fuentes atriales, cruces atriales, capillas posas, ermitas, humilladeros; todo un capital construido de valor cultural y material incalculable, que en su conjunto contribuyen de modo directo a darle ese valor agregado a la ciudad que todo el mundo le reconoce. Todas expresiones arquitectónicas originales, auténticas e irrepetibles, que sin embargo son parte de un entorno urbano deteriorado, degradado, abandonado y poco valorado que en nada han contribuido a elevar la calidad de vida de sus habitantes.

Paralelamente los monumentos, las ruinas, los grandes y ricos ejemplos de arquitectura doméstica del centro histórico, no tendrían sentido sin ese imaginario social generado en las aldeas. Por ejemplo: las devotas manifestaciones religiosas de la Cuaresma y Semana Santa son principalmente aldeanas, el color y el sabor de las festividades antigueñas se originan y se mantienen en las tradiciones centenarias aldeanas, la gran base económica de la industria hotelera, inmobiliaria y constructiva proviene también de las aldeas, y sin embargo cada día la pobreza y la desigualdad son mayores.

El desafío que este Plan de Desarrollo para las Aldeas se ha planteado, es cabalmente derrumbar o traspasar ese muro virtual de la Época Colonial que dividía las dos ciudades y que el Dr. C. Lutz argumentaba: la de los peninsulares y criollos al interior, y, la de los pobres e indios al exterior. Hoy la conservada y protegida al interior y la pobre y espontánea al exterior.

Finalmente integrar y construir una ciudad incluyente lo que se esperaría, devolviéndoles su estima, su dignidad, además de consolidar su identidad cultural, acompañado de proyectos de vivienda, de infraestructura, de equipamiento urbano, que les permita ser económicamente sostenibles.